martes, 8 de septiembre de 2009
La historia del básquetbol argentino jamás olvidará que el 8 de septiembre resultó ser una fecha muy importante para la Selección nacional de esta disciplina. Un día como hoy, pero de 2002, Argentina caía por 84 a 77 en la final del Mundial de Indianápolis, Estados Unidos.
Si bien este torneo fue el punto de partida para una Generación Dorada que aún en la actualidad sigue consiguiendo resultados imponentes, la espina de haber perdido el título en manos de fallos arbitrales convierten en escaso el segundo lugar obtenido. Con el partido igualado en 75 tantos por bando, con 5.9 segundos en el reloj y la posesión en poder del conjunto albiceleste, Hugo Sconochini intentó una penetración, pero fue fallida tras recibir la falta -obviada por los jueces- de los defensores yugoslavos. Entonces, el partido se extendió a un tiempo suplementario que sería finalmente favorable a los europeos.
El equipo argentino, que triunfó en sus 8 presentaciones anteriores a la final (incluidos el 87-80 a Estados Unidos en la segunda fase, el 78-67 a Brasil en cuartos y el 86-80 a Alemania en la semifinal), contó con un plantel compuesto por Juan Ignacio Sánchez -el mejor asistidor con 4.2 de promedio-, Emanuel Ginóbili -goleador con 14.1 puntos-, Alejandro Montecchia, Fabricio Oberto -máximo reboteador con 5.6-, Lucas Victoriano, Gabriel Fernández, Hugo Sconochini, Luis Scola, Leonardo Gutiérrez, Andrés Nocioni, Leandro Palladino y Rubén Wolkowyski, que fueron dirigidos técnicamente por Rubén Magnano.
Inolvidable e injusto por donde se lo mire, estos guerreros sentaron las bases de un equipo combativo y con un exquisito estilo de juego que encontraría revancha en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Si bien este torneo fue el punto de partida para una Generación Dorada que aún en la actualidad sigue consiguiendo resultados imponentes, la espina de haber perdido el título en manos de fallos arbitrales convierten en escaso el segundo lugar obtenido. Con el partido igualado en 75 tantos por bando, con 5.9 segundos en el reloj y la posesión en poder del conjunto albiceleste, Hugo Sconochini intentó una penetración, pero fue fallida tras recibir la falta -obviada por los jueces- de los defensores yugoslavos. Entonces, el partido se extendió a un tiempo suplementario que sería finalmente favorable a los europeos.
El equipo argentino, que triunfó en sus 8 presentaciones anteriores a la final (incluidos el 87-80 a Estados Unidos en la segunda fase, el 78-67 a Brasil en cuartos y el 86-80 a Alemania en la semifinal), contó con un plantel compuesto por Juan Ignacio Sánchez -el mejor asistidor con 4.2 de promedio-, Emanuel Ginóbili -goleador con 14.1 puntos-, Alejandro Montecchia, Fabricio Oberto -máximo reboteador con 5.6-, Lucas Victoriano, Gabriel Fernández, Hugo Sconochini, Luis Scola, Leonardo Gutiérrez, Andrés Nocioni, Leandro Palladino y Rubén Wolkowyski, que fueron dirigidos técnicamente por Rubén Magnano.
Inolvidable e injusto por donde se lo mire, estos guerreros sentaron las bases de un equipo combativo y con un exquisito estilo de juego que encontraría revancha en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

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