domingo, 25 de octubre de 2009
Maradona ya no era el mismo de siempre, aquél que hacía magia con sus pies. "Lento y previsible, fue uno menos a la hora de preocupar. Increíble pero real", "En este estado físico, Maradona no puede jugar" o “Lentificó cada ataque de su equipo que, bajo su pretendida conducción, fue una lágrima durante los 45 minutos iníciales […] Cuando salió, Boca vio la luz”, fueron algunas de las frases que se pudieron leer en los diarios del día siguiente.
A su bajo rendimi
ento en las canchas se le sumaba su alborotada vida en la que se peleaba con la dirigencia, faltaba a los entrenamientos y aparecía un día para decidir que jugaría el Superclásico. Por todo esto, ya se preveía que se estaban transitando los últimos pasos de su carrera, pero él siempre sorprendía con sus actos, y sus constantes vueltas al fútbol en los últimos tiempos desorientaban a cualquiera.En su último ciclo en Boca (1995-‘97), en la que fue sólo una sombra de aquél gran jugador que supo ser, Maradona disputó 31 partidos y convirtió 7 goles.
Cuatro días después de aquél sábado, el 29 de octubre, anunciaría públicamente su retiro definitivo del fútbol, alegando que su decisión se debía al pedido de su padre, a quién días antes algunos medios lo habían dado por muerto. "Con todo el dolor del alma ha llegado el momento de anunciar mi retiro", fueron las palabras que marcaron el fin de una época, de una etapa en su vida (21 años como profesional), y la de gran parte de los argentinos.


