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El día que el vóley peruano hizo historia

martes, 29 de septiembre de 2009

Cuando la pelota tocó el suelo por última vez, no tuvo piedad del gran rendimiento peruano. Sin embargo, aquella tristeza por la derrota, que fue festejo multitudinario en el retorno al país, logró convertirse, con el tiempo, en el mejor rendimiento histórico del voleibol de Perú en Juegos Olímpicos. Fue bajo el cielo coreano de Seúl, cuando la seleccion femenina alcanzó, el 29 de septiembre de 1988, la medalla plateada tras caer ante la Unión Soviética.

Al igual que la Selección masculina de Argentina, que ganó el bronce en los mismos juegos manejada tácticamente por Young Wan Sohn, el equipo peruano también tuvo un entrenador coreano que logró hacer historia: Man Boc Park, subcampeón juvenil con Perú en 1981 y subcampeón en 1982 con las mayores.

El paso de las peruanas por la tierra de su entrenador arrancó con convicción ante Brasil, al que derrotaron por 3-0. Luego seguiría en el camino China, campeón olímpico y bicampeón mundial, al que le arrebataron el partido por 3-2, en un quinto set que resultó casi todo el tiempo desfavorable para el equipo sudamericano. El siguiente rival a batir fue los Estados Unidos. En un encuentro que se tornó dificil por ir perdiendo 0-2, las peruanas levantaron y avanzaron a semifinales al ganar 3-2.

En semis, la historia se repitió frente la difícil Japón, y en 5 sets (15-9, 15-9, 6-15, 10-16, 15-13), Perú se metió en la historia como el primer equipo sudamericano en una final olímpica de voleibol.

El rival de la final fue la poderosa Unión Sovietica, tres veces medalla de oro (68,72 y 80), que durante el transcurso de los dos primeros sets sintió como Perú pegaba de la mano de Cecilia Tait, apodada la zurda de oro, quien luego sería reconocida como la mejor jugadora del torneo. Con el resultado 15-10 y 15-12, en menos de una hora, las sudamericanas, inferiores en altura con 1,75 de promedio contra 1,85, dominaron el encuentro hasta el tercer set, que las tuvo por delante 12-6, a 3 puntos de la gloria dorada.

A partir de allí las soviéticas crecieron, dieron vuelta el parcial, empataron el partido y lo llevaron al quinto. Con 14 a 13 y match point a favor soviético, resurgió el orgullo peruano, que salvó lo que era el final del partido y obtuvo tres cierres para conseguir el oro que no pudo aprovechar. 17-15 dictó el marcador y el sueño peruano de la hazaña se extinguió, aunque no logró evitar el reconocimiento para el equipo latino, que consiguió la tercer medalla en la historia de Perú en los Juegos (oro en 1948 y plata en 1984, ambas en Tiro).

Al llegar a su país, las jugadoras fueron recibidas como héroes y trasladadas hacia un Estadio Nacional de Lima, que repleto, aguardaba por sus chicas.

Cuando la pelota tocó el suelo por última vez, el voleibol peruano se estancó, y aquella pareció ser la sentencia. Fue el final de una generación única que será recordada por siempre: en los próximos meses, una estatua de las "chicas de oro" en las calles de Lima rememorará aquel septiembre de 1988.

Ben Johnson y el récord que no fue

jueves, 24 de septiembre de 2009

Con su dedo índice en alto, como queriendo indicarle al mundo que seguía siendo el rey de la velocidad, cruzó la línea de meta derrotando a su archirrival, Carl Lewis. Fue el 24 de septiembre de 1988, cuando Ben Johnson consiguió en los Juegos Olímpicos de Seúl el récord mundial de los 100 metros. La alegría le duró poco, horas más tarde el récord y el oro fueron expropiados a causa de dar positivo en los controles antidoping.

Johnson comenzó en los Juegos de Seúl con un rendimiento que no hacía suponer lo que luego conseguiría. En primera ronda finalizó en primer lugar con 10.37, mientras que en cuartos clasificó tercero, detrás del británico Linford Christie y el norteamericano Dennis Mitchell, con 10.17. El rendimiento del canadiense empezaba a mejorar con el correr de las etapas. En semifinales continuó bajando tiempos y finalizó primero con 10.03 dejando atras a Christie y a Mitchell.

Ya en la final, se encontraría con su principal competidor, el estadounidense Carl Lewis, quien partía como favorito luego de que Johnson sufriera algunas lesiones durante la temporada antes de los Juegos. En la competencia decisiva, repleta de condimentos especiales por sus habituales enfrentamiento verbales con Lewis, Johnson fue más rápido de lo que nunca había sido y pulverizó el récord mundial deteniendo el reloj en 9.79, mientras que Lewis alcanzó los 9.92.
La progresión del canadiense había sido asombrosa, venciendo todos los pronósticos. Sin embargo, la alegría de la medalla de oro se esfumaría horas después cuando el control antidoping demostró que Johnson poseía en su orina residuos de stanozolol, una hormona prohibida fabricada en Estados Unidos. A partir de allí el éxito del canadiense se tornó en fracaso. Contratos multimillonarios perdidos, una suspensión por dos años y su reputación por los suelos en tan sólo unas horas. Ése se convirtió en su verdadero y triste récord.

Finalmente, la medalla de oro fue otorgada a Lewis, que con 9.92 consiguió el récord olímpico.

Tiempo después de lo sucedido Ben Johnson planteó la posibilidad de que hubiera existido un sabotaje en las pruebas de orina: "Tengo la información de cómo y por qué se hizo, y quién estuvo detrás de todo eso”. Además agregó: “No quiero decir mucho, pero él (por Lewis) tuvo algo que ver”. Johnson indicó que mientras aguardaba para realizar el control antidoping, pasó tiempo tomando cerveza con un jugador de fútbol que resultó ser amigo y compatriota de Carl Lewis y que allí, en un descuido, pudieron haberle introducido la sustancia prohibida en su bebida.

De todas formas, y a pesar de las quejas, el resultado nunca se modificó. Johnson fue crucificado en su carrera deportiva y, aunque tiempo después regresó, ya nunca pudo volver a ser lo que alguna vez había sido: el hombre más rápido del mundo.

Orgullo correntino

miércoles, 23 de septiembre de 2009


El nombre de Carlos Mauricio Espínola significa éxito y triunfos del deporte argentino, más precisamente en Juegos Olímpicos. El 23 de septiembre de 2000, con 29 años, "Camau" se adjudicó su segunda medalla de plata consecutiva en la clase Mistral de Windsurf, luego de la presea del mismo material que había ganado en Atlanta ´96.

El reciente intendente electo de su provincia natal, Corrientes, posee el privilegio exclusivo de ser el atleta nacional que consiguió 4 medallas -2 plateadas y 2 de bronce- olímpicas. Se convirtió en el único argentino que llegó dos veces segundo en Juegos inmediatos -el remero Alberto Demiddi había alcanzado plata en México ´68 y bronce en Munich ´72-. A su vez, actuó como abanderado de la delegación de deportistas del país en Sydney 2000 y Atenas 2004.

Allí en Australia, y luego de su notable actuación que le permitió embolsar 60 mil dólares que le entregó el Casino de Buenos Aires como incentivo, Espínola declaró: "No estoy del todo conforme porque quería ganar el oro". Sin embargo, su performance fue muy destacada. Finalizó con 43 puntos acumulados en las distintas regatas, a cinco del vencedor austríaco Christoph Sieber y aventajando por siete unidades al neozelandés Aaron McIntosh.
Pese a no arrancar la última jornada de competición de la mejor manera, en la segunda y tercera prueba arriesgó y mejoró, aunque no le alcanzó para arrebatarle el premio mayor al europeo.

Septiembre Negro: El show debe continuar

sábado, 5 de septiembre de 2009

Hace 37 años ocurría uno de los hechos más catastróficos del deporte que dejaría una oscura huella en su historia. El 5 de septiembre de 1972 durante la vigésima edición de los Juegos Olímpicos que se disputaban en Múnich, capital del Estado alemán de Baviera, ocho terroristas palestinos que integraban un comando autodenominado “Septiembre Negro”, ingresaron a la Villa Olímpica, mataron a dos atletas israelíes y secuestraron a otros nueve que mas tarde también serían asesinados. Además, el ataque terminó con la vida de cinco de los ocho terroristas, un oficial de la policía alemana y el piloto de un helicóptero. Luego de 18 muertes, los Juegos fueron suspendidos sólo un día y continuó la competencia.

La vigésima edición de los Juegos era la primera gran cita deportiva que se disputaba en Alemania luego de la segunda Guerra Mundial y la caída del régimen Nazi (JJOO Berlín1936 había sido el anterior). Por esto, el acontecimiento se desarrollaba con mucha tensión, principalmente en el equipo de Israel ya que muchos de sus familiares habían sido víctimas del Holocausto (persecución y asesinato sistemático de aproximadamente 6 millones de judíos, organizado por la Alemania Nacionalsocialista, dirigida por Adolfo Hitler). De tal manera, ésta era la ocasión perfecta para que Alemania cambiara la imagen que tenían de ellos en el resto del mundo.

Previamente al ataque se habían recibido todo tipo de amenazas. Por ello, el gobierno del país organizador había preparado un gran operativo de seguridad con policías, helicópteros y soldados. Unos días antes, el 30 de agosto, el servicio de inteligencia alemana había comunicado que un grupo de cinco fedayines (combatientes de organizaciones palestinas) había partido del aeropuerto de Beirut hacia Alemania. Entonces, se procedió a declarar doble alerta del operativo de seguridad.

Pero, todos estos avisos previos, sin embargo, parecieran no haber alertado lo suficiente a la seguridad del país, ya que nadie advirtió, hasta luego de una hora, el ingreso de los palestinos a la Villa. Incluso, pasadas las cuatro de la mañana del martes 5 de septiembre, un patrullero observó que una persona de sombrero blanco y traje de safari merodeaba cerca del edificio. Además, un empleado de correos también había visto a cinco hombres que saltaban la reja y como pensaron que eran atletas que volvían de haberse escapado para salir, no avisaron a seguridad. Y, como si esto fuera poco, cuando los terroristas intentaban ingresar al complejo fueron ayudados por deportistas estadounidenses que también creían que regresaban de una noche de diversión.

Cerca de las 4.40, los palestinos lograron ingresar a las habitaciones dónde se alojaba el equipo israelí. Moshe Weinberg, entrenador de la Selección de lucha de 33 años, fue el primero en escuchar los ruidos y no dudó en forcejear con los terroristas, mientras alertaba a sus compañeros, de los cuales algunos lograron escapar, mientras que otros sólo pudieron esconderse. El luchador Joseph Romano, quién recién regresaba al complejo, se convirtió en la primera víctima mientras forcejaba con uno de los atacantes. Weinberg, fue el segundo en recibir el disparo que acabo con su vida, al intentar enfrentarlos sólo con un cuchillo para frutas. Los palestinos tomaron como rehenes a nueve deportistas israelíes: David Berger, Ze'ev Friedman, Joseph Gottfreund, Eliezer Halfin, Andrei Schpitzer, Amitsur Shapira, Kahat Shorr, Mark Slavin y Yaakov Springer.

Los secuestradores, al mando de Luttif Afif y compuesto además por Yussuf Nazal, Afif Ahmed Hamid, Khalil Jawad, Ahmed Chic Thaa, Mohammed Safady, Adnan Al Gashey y el sobrino de éste, Jamal Al Gashey, exigían la liberación de 234 presos políticos palestinos que se encontraban en poder de Israel, la de otros dos palestinos prisioneros en Alemania y el traslado de todos ellos a un lugar seguro en Egipto. El gobierno israelí se negó rotundamente a negociar ni liberar a los presos políticos. Y la policía alemana no contaba con el entrenamiento ni la experiencia necesaria para enfrentar un secuestro y atentado terrorista. Por lo que anticipaba que el siniestro no tendría buena solución.

Luego de aproximadamente doce horas, los secuestradores notaron que sus solicitudes no serían satisfechas por lo que pidieron un avión para ir hasta El Cairo y reiterar allí sus demandas. Los oficiales de seguridad aceptaron el pedido pero intentaron tenderles una trampa que los palestinos descubrieron rápidamente, con ayuda en gran parte de la televisión que ya hacía llegar a todo el mundo las imágenes del horror que estaba sucediendo. Alrededor de las diez de la noche, los secuestradores y las victimas fueron transportadas en helicópteros a una base aérea en penumbra próxima a Fürstenfeldbruck, mientras que ellos creían que estaban en el aeropuerto internacional de Riem. Dos aviones que visiblemente no podían volar y un grupo de francotiradores principiantes eran producto de la nueva emboscada preparada por la seguridad anti-secuestros. Apenas los palestinos se dieron cuenta que querían tenderles una nueva trampa, los francotiradores comenzaron a disparar y ocasionaron un gran tiroteo que terminó con la vida de dos terroristas y un policía. Al llegar la medianoche uno de los palestinos lanzó una granada al interior de un helicóptero que causó la muerte de cuatro deportistas y del piloto. Luego se volvieron a generar disparos entre los palestinos y la policía, que causó la muerte de tres secuestradores mas, pero lo que no se pudo esclarecer fue si los restantes cinco rehenes fueron asesinados por los terroristas o producto de la balacera. Tres terroristas sobrevivieron el ataque y fueron llevados bajo custodia, pero tuvieron que ser liberados dos meses después, cuando otros miembros de la organización Septiembre Negro secuestró un avión y amenazó con volarlo si no eran liberados.

Al día siguiente se organizó una misa en el Estadio Olímpico al que asistieron alrededor de 80.000 espectadores y 3.000 atletas, se pusieron las banderas a media asta, menos la de Arabia Saudita, que se negó a guardar luto por las muertes. Y cuando se esperaba el anuncio de la suspensión definitiva de los Juegos, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Avery Brundage pronunció la frase que indignó al mundo: "Los Juegos deben continuar". Este hecho enojó a los israelíes que abandonaron Múnich el mismo día, mientas que los egipcios lo hicieron el 7, temiendo posibles represalias.

En 2005 se estrenó en Estados Unidos la película "Múnich", dirigida por Steven Spielberg (Judío), que hace referencia a la masacre de aquél día. Mientras que en 1999, se había presentado el documental "Un día de septiembre", dirigido por Kevin Macdonald, en el que por medio de entrevistas y material periodístico se reconstruyen las 21 horas que duró el evento. En la cinta se escucha por primera vez la voz del único terrorista superviviente, Jamal Al-Gashey.

Sean eternos los laureles

viernes, 28 de agosto de 2009

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Y ahora volviendo a lo que vinimos y denota el título, el 28 de agosto de 2004 fue un día histórico para el deporte argentino, ya que dos de sus selecciones mas fuertes se consagraron campeonas olímpicas. Ellos fueron los equipos de fútbol y basquetbol ganándoles a Paraguay e Italia respectivamente. 
La selección dirigida en ese por Marcelo Bielsa se consagró campeona luego de tener un torneo muy solido en el que demostró estar a la altura de las circunstancias debido a que llegaba con la chapa de candidata. El equipo mostró rendimientos altísimos en todas sus lineas. En el arco un muy seguro Germán Lux terminó con la valla invicta ademas de jugar una gran final sacando un par de pelotas claves. Otra de los puntos sobresalientes que se notó fue la consagración de Javier Mascherano y Carlos Tevez como titulares fijos en la celeste y blanca. Por último el esfuerzo de los viejitos Roberto Ayala, Gabriel Heinze y Cristian González que le dieron una cuota de experiencia a los mas jóvenes.
La otra albiceleste pero no por eso menos importante también tubo un torneo impresionante ganando partidos increíbles como contra Grecia en el último minuto. Los dirigidos por Ruben Magnano ademas dejaron en el camino al dreamteam de Estados Unidos formado por todos jugadores figuras de la NBA, y que ademas contaba con la presencia de Greg Popovich coach de San Antonio Spurs, equipo al cual pertenece Emanuel Ginóbilli. Justamente este jugador fue el emblema de la celeste y blanca, se consagró como el mejor jugador argentino de todo los tiempos, pero en realidad tampoco jugó solo, contó con la experiencia de Sanchez, Montecchia y Sconochini mas la frescura y habilidad que le sumaron los mas jóvenes como Scola, de gran final, y Oberto.
La presea dorada llegó justo 54 años despues de que en Buenos Aires el equipo nacional de Basquet se consagrara campeón mundial. Sin dudas, este 28 de agosto fue un día inolvidable para los Juegos Olímpicos y para el pueblo argentino. 

24/08/04: Alejandra García finalista en los JJOO de Atenas

lunes, 24 de agosto de 2009


Hace exactamente 5 años la garrochista Alejandra García, con 31 años, logró clasificarse finalista en los Juegos Olímpicos de Atenas, uniéndose a deportes más familiares para el pueblo argentino como lo son el fútbol, basquet y hockey sobre césped, que también lograron buenos resultados. La atleta tuvo un gran desempeño en las rondas clasificatorias saltando 4,30 metros, altura que le permitió acceder a la final, para luego terminar en el decimotercer puesto. Isabel Avellán fue la última deportista argentina que se consagró finalista en atletismo. Fue en lanzamiento de disco de los Juegos Olímpicos de 1956, en Melbourne, por lo que tuvieron que pasar 48 años para que otra deportista criolla llegara a tal instancia.

Haciendo un repaso por su ficha, García nació un 13 de junio de 1973 en Buenos Aires, en su época de júnior o categorías menores probó con todo tipo de disciplinas correspondientes a lo que el atletismo refiere pero decidió quedarse con el salto con garrocha. En 1999 disputó los Juegos Panamericanos, donde además de quedarse con la presea de oro hizo la mejor marca: 4,30 metros. Sin embargo, siendo luchadora de nacimiento, no se quedó conforme y fue a buscar lo que hasta el día de hoy es la mejor marca en la Argentina: saltó 4,43 metros el 4 de abril de 2004.

García representó a su país en tres Juegos Olímpicos, en Sidney 2000, con 27 años, quedó eliminada en primera ronda tras lograr saltar 4,15 metros, finalizando en la posición número 18 de su grupo. Por último, en lo que respecta su despedida de las pistas ólímpicas, Alejandra terminó con una marca de 4,15 metros finalizando en la posición número 31 del grupo A durante los juegos de Pekín 2008, con 35 años.

El oro olímpico de Oscar Casanovas, boxeador con alma de futbolista

sábado, 15 de agosto de 2009

A pesar de que tenía talento en sus pies, más tarde se daría cuenta de que su verdadero potencial estaba en sus puños.

Oscar Casanovas nació el 15 de mayo de 1914 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Desde muy chico su principal interés no se centraba en el boxeo sino en el fútbol, deporte que practicó defendiendo los colores de Huracán hasta la sexta división. Fue allí cuando notó que sus golpes de puño valían más que sus goles en la cancha y decidió cambiar el césped por el cuadrilátero.


Su auge deportivo llegó en el mismo Juego Olímpico que el de la nadadora argentina Jeannette Campbell, Berlín 1936. Con un historial rico de medallas de oro olímpicas en el box argentino (Víctor Avendaño (semipesado) y Arturo Rodríguez Jurado (pesado) en Amsterdam 1928 y Carmelo Robledo (pluma) y Santiago Lovell (pesado) en Los Ángeles 1932), Casanovas partió hacia la Alemania nazi.

Con 22 años, en su primer combate derrotó al finés Alo Karlsson, luego al polaco, y futuro campeón europeo, Aleksander Polus; ya en semifinales, venció al húngaro Dezso Frigyes y alcanzó la final por el oro. Fue el 15 de agosto de 1936 cuando se consagró campeón pluma al derrotar por puntos al sudafricano Charles Catterall.

A diferencia de los Juegos anteriores, la medalla de oro de Casanovas fue la única en boxeo. El polo fue otra de las disciplinas que alcanzó lo más alto en Berlín 1936.


Luego de obtener la presea dorada, Casanovas realizó dos peleas como profesional con una derrota (1938) y una victoria (1940). Nunca más volvio al profesionalismo en el ring.
Después de su retiro, y ya como entrenador, preparó al futuro campeón mundial Victor Galíndez (semipesado 1974, 1979)

Finalmente, falleció en 1987, a los 73 años. Hoy una de las competiciones más representativas de la Federación Argentina de Box (FAB) lleva su nombre: "Torneo Oscar Casanovas"

Noqueando records

jueves, 13 de agosto de 2009


Era la primera vez que peleaba fuera de Sudamérica, no llegaba como favorito pero tenía adentro suyo un fuego sagrado que luego lo llevaría a ser campeón mundial de peso mosca en 1954, pero esa es otra historia. Sin embargo, poco le importaron a Pascual Pérez las adversidades que debía enfrentar en ese torneo, fue así como el 13 de agosto de 1948 en los juegos olímpicos llevados a cabo en Londres, Inglaterra, se consagró campeón olímpico de boxeo en peso mosca. En la final tuvo que medir fuerzas con el italiano Spartaco Bandelli de 28 años, seis mayor que él y quien ademas llegaba de vencer al gran favorito para ganar la medalla de oro en esos años, Luis Martínez Zapata, español. La pelea frente a Bandelli fue dura al principio aunque la locomotora mendocina siempre supo como imponer su ritmo y logró noquear al púgil itálico en el tercer round.
Ese año, Pascualito ganó la décima medalla de oro para el olimpismo argentino y la sexta del boxeo, ya que ese mismo día ganaría otra Rafael Iglesias. Sin dudas, la victoria del oriundo de Mendoza fue mas importante que la de Iglesias debido a la repercusión que iba a obtener luego.Ya que es hasta ahora el único boxeador en tener un titulo mundial y una presea de oro para colgar de su vitrina. Está considerado como uno de los tres más grandes boxeadores de la historia del peso mosca, junto a Miguel Canto y Jimmy Wilde. Mientras que en su país, es reconocido junto con Carlos Monzón, como el mejor boxeador de la historia del boxeo argentino. Ha sido incluido en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo.
En 2004, la Confederación Sudamericana de Boxeo lo declaró de oficio campeón sudamericano.
Peronista full time al punto de terminar una frase en radio luego de ser campeón mundial -Cumplí, mi general-. Sin la simpatía o el affaire que le permitiera convertirse en un ídolo popular, como había sido Justo Suárez, en el pasado, o lo sería Carlos Monzón, en el futuro. Pérez falleció un 22 de enero de 1977, víctima de una insuficiencia hepatorrenal.

Boicot al sistema capitalista

miércoles, 12 de agosto de 2009

Estados Unidos esperó hasta el final para dar a conocer quien sería el encargado de transportar en el último tramo la antorcha olímpica, y se especulaba que podría ser un deportista que representara a los países soviéticos, como la gimnasta rumana Nadia Comaneci. Sin embargo, el 12 de agosto de 1984, la llama olímpica llegó al estadio Los Angeles Memorial Coliseum en manos de la nieta de Jesse Owens, atleta negro que consiguió cuatro medallas de oro en Berlín 1936, dando lugar a la ceremonia de inauguración de los XXIII Juegos Olímpicos.
La Unión Soviética, junto a catorce países del Bloque del Este y aliados socialistas, boicotearon al evento, argumentando falta de seguridad y propaganda en contra al sistema soviético. En realidad, fue una notoria respuesta a Estados Unidos y 64 países que se abstuvieron a participar, por diferencias políticas, en los Juegos de Moscú de 1980.
Igualmente, hubo una asistencia de 6.797 atletas (5.230 hombres y 1.567 mujeres) de 140 países, que compitieron en 21 deportes y 221 especialidades. Rumania, que fue el único de los países soviéticos que envió a sus deportistas, ganó la mayor cantidad de medallas olímpicas de su historia, y alcanzó al segundo lugar del medallero general, con 20 de oro, 16 de plata y 17 de bronce (53 en total). El primer lugar fue para el anfitrión con 174 preseas (83 doradas, 61 plateadas y 30 bronceadas); y en la tercera ubicación se acomodó Alemania Occidental con 59 (17, 19 y 23). Argentina, que asistió con 83 participantes (10 mujeres), consiguió 6 diplomas y no obtuvo medallas.
El organizador obtuvo una ganancia de 200 millones de dólares, lo que significó la primera proveniente al organizar esta competencia. Vender los derechos de transmisión a canales de televisión, le cubrió la mayoría de los gastos, y le proporcionó dicha diferencia económica. Por su parte, la mascota Sam (foto) fue diseñada por Robert Moore y representa un águila, animal característico de Estados Unidos.
En cuanto a lo deportivo, se destacó Carl Lewis, quien consiguió cuatro medallas de oro en atletismo; la estadounidense Joan Beanoit, ganadora de la primera maratón de la historia femenina; el nadador Michael Gross que se alzó con dos oros y dos de plata; el equipo estadounidense de básquet, con Michael Jordan y Pat Ewing; y Francia que superó a Brasil 3 a 1 en fútbol.

El soldado con puños de oro

martes, 11 de agosto de 2009

Ángel Pedro Víctor Avendaño (aunque se lo conocía generalmente sólo por su tercer nombre y apellido) con su singular estilo que no poseía una gran agilidad, vencía por puntos al alemán Ernst Pistulla, en la final de la categoría medio pesado –hasta 79,379kg- de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928, y conseguía así la primera medalla de oro para el boxeo y para una disciplina individual, el 11 de agosto de 1928. (El púgil es el del medio de la tapa de El Gráfico)

Avendaño debió vencer a tres contrincantes antes para llegar a la final de la competencia. Su primer rival fue el chileno Sergio Ojeda; en cuartos de final enfrentó al canadiense Donald Carrick; y en la semifinal al sudafricano Don McCorkindale. Todas las peleas las ganó por punto.

El boxeador estuvo a punto de no viajar a los Juegos Olímpicos ya que en ese entonces tenía 21 años y se estaba haciendo el servicio militar y su condición de soldado conscripto le impedía representar al país en un torneo. Pero un permiso especial del general Agustín Pedro Justo le permitió concurrir, debió hacerlo con su uniforme, y dejar así una marca en la historia del deporte argentino.

El púgil nació en Lincoln, Buenos Aires, el 5 de julio de 1907, y comenzó su carrera como boxeador a los 15 años, en 1923. Como amateur perdió sólo 5 de las 110 peleas que disputó, y como profesional tuvo un veloz paso en el que llegó a realizar 9 peleas, de las que perdió 2 por nocaut. Al retirarse del boxeo, en 1938, se dedicó a la dirección técnica primero y, siete años mas tarde en 1945, al arbitraje. Fue considerado uno de los mejores árbitros profesionales de nuestro país de la década del ’60 y ’70 y dirigió mas de 2500 peleas, de las cuales cuatro fueron por títulos mundiales: Horacio Accavallo - "Alacrán" Torres; Nicolino Locche - "Morocho" Hernández, (ambos en el Luna Park); la revancha de Carlos Monzón con Nino Benvenutti, en Montecarlo y nada menos que la de Monzón con Benny Briscoe, en el Luna, la noche que aquel retuvo el cetro, pero recibió el golpe más fuerte en toda su carrera. Cuando cumplió 65 años no pudo dirigir más en Buenos Aires por exigencias del reglamento. Pero pudo seguir haciéndolo en el interior del país hasta 1979.

Don Víctor, agradecido del boxeo, el público y los boxeadores, como él mismo declaró, falleció el 1 de julio de 1984.