Septiembre Negro: El show debe continuar

sábado, 5 de septiembre de 2009

Hace 37 años ocurría uno de los hechos más catastróficos del deporte que dejaría una oscura huella en su historia. El 5 de septiembre de 1972 durante la vigésima edición de los Juegos Olímpicos que se disputaban en Múnich, capital del Estado alemán de Baviera, ocho terroristas palestinos que integraban un comando autodenominado “Septiembre Negro”, ingresaron a la Villa Olímpica, mataron a dos atletas israelíes y secuestraron a otros nueve que mas tarde también serían asesinados. Además, el ataque terminó con la vida de cinco de los ocho terroristas, un oficial de la policía alemana y el piloto de un helicóptero. Luego de 18 muertes, los Juegos fueron suspendidos sólo un día y continuó la competencia.

La vigésima edición de los Juegos era la primera gran cita deportiva que se disputaba en Alemania luego de la segunda Guerra Mundial y la caída del régimen Nazi (JJOO Berlín1936 había sido el anterior). Por esto, el acontecimiento se desarrollaba con mucha tensión, principalmente en el equipo de Israel ya que muchos de sus familiares habían sido víctimas del Holocausto (persecución y asesinato sistemático de aproximadamente 6 millones de judíos, organizado por la Alemania Nacionalsocialista, dirigida por Adolfo Hitler). De tal manera, ésta era la ocasión perfecta para que Alemania cambiara la imagen que tenían de ellos en el resto del mundo.

Previamente al ataque se habían recibido todo tipo de amenazas. Por ello, el gobierno del país organizador había preparado un gran operativo de seguridad con policías, helicópteros y soldados. Unos días antes, el 30 de agosto, el servicio de inteligencia alemana había comunicado que un grupo de cinco fedayines (combatientes de organizaciones palestinas) había partido del aeropuerto de Beirut hacia Alemania. Entonces, se procedió a declarar doble alerta del operativo de seguridad.

Pero, todos estos avisos previos, sin embargo, parecieran no haber alertado lo suficiente a la seguridad del país, ya que nadie advirtió, hasta luego de una hora, el ingreso de los palestinos a la Villa. Incluso, pasadas las cuatro de la mañana del martes 5 de septiembre, un patrullero observó que una persona de sombrero blanco y traje de safari merodeaba cerca del edificio. Además, un empleado de correos también había visto a cinco hombres que saltaban la reja y como pensaron que eran atletas que volvían de haberse escapado para salir, no avisaron a seguridad. Y, como si esto fuera poco, cuando los terroristas intentaban ingresar al complejo fueron ayudados por deportistas estadounidenses que también creían que regresaban de una noche de diversión.

Cerca de las 4.40, los palestinos lograron ingresar a las habitaciones dónde se alojaba el equipo israelí. Moshe Weinberg, entrenador de la Selección de lucha de 33 años, fue el primero en escuchar los ruidos y no dudó en forcejear con los terroristas, mientras alertaba a sus compañeros, de los cuales algunos lograron escapar, mientras que otros sólo pudieron esconderse. El luchador Joseph Romano, quién recién regresaba al complejo, se convirtió en la primera víctima mientras forcejaba con uno de los atacantes. Weinberg, fue el segundo en recibir el disparo que acabo con su vida, al intentar enfrentarlos sólo con un cuchillo para frutas. Los palestinos tomaron como rehenes a nueve deportistas israelíes: David Berger, Ze'ev Friedman, Joseph Gottfreund, Eliezer Halfin, Andrei Schpitzer, Amitsur Shapira, Kahat Shorr, Mark Slavin y Yaakov Springer.

Los secuestradores, al mando de Luttif Afif y compuesto además por Yussuf Nazal, Afif Ahmed Hamid, Khalil Jawad, Ahmed Chic Thaa, Mohammed Safady, Adnan Al Gashey y el sobrino de éste, Jamal Al Gashey, exigían la liberación de 234 presos políticos palestinos que se encontraban en poder de Israel, la de otros dos palestinos prisioneros en Alemania y el traslado de todos ellos a un lugar seguro en Egipto. El gobierno israelí se negó rotundamente a negociar ni liberar a los presos políticos. Y la policía alemana no contaba con el entrenamiento ni la experiencia necesaria para enfrentar un secuestro y atentado terrorista. Por lo que anticipaba que el siniestro no tendría buena solución.

Luego de aproximadamente doce horas, los secuestradores notaron que sus solicitudes no serían satisfechas por lo que pidieron un avión para ir hasta El Cairo y reiterar allí sus demandas. Los oficiales de seguridad aceptaron el pedido pero intentaron tenderles una trampa que los palestinos descubrieron rápidamente, con ayuda en gran parte de la televisión que ya hacía llegar a todo el mundo las imágenes del horror que estaba sucediendo. Alrededor de las diez de la noche, los secuestradores y las victimas fueron transportadas en helicópteros a una base aérea en penumbra próxima a Fürstenfeldbruck, mientras que ellos creían que estaban en el aeropuerto internacional de Riem. Dos aviones que visiblemente no podían volar y un grupo de francotiradores principiantes eran producto de la nueva emboscada preparada por la seguridad anti-secuestros. Apenas los palestinos se dieron cuenta que querían tenderles una nueva trampa, los francotiradores comenzaron a disparar y ocasionaron un gran tiroteo que terminó con la vida de dos terroristas y un policía. Al llegar la medianoche uno de los palestinos lanzó una granada al interior de un helicóptero que causó la muerte de cuatro deportistas y del piloto. Luego se volvieron a generar disparos entre los palestinos y la policía, que causó la muerte de tres secuestradores mas, pero lo que no se pudo esclarecer fue si los restantes cinco rehenes fueron asesinados por los terroristas o producto de la balacera. Tres terroristas sobrevivieron el ataque y fueron llevados bajo custodia, pero tuvieron que ser liberados dos meses después, cuando otros miembros de la organización Septiembre Negro secuestró un avión y amenazó con volarlo si no eran liberados.

Al día siguiente se organizó una misa en el Estadio Olímpico al que asistieron alrededor de 80.000 espectadores y 3.000 atletas, se pusieron las banderas a media asta, menos la de Arabia Saudita, que se negó a guardar luto por las muertes. Y cuando se esperaba el anuncio de la suspensión definitiva de los Juegos, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Avery Brundage pronunció la frase que indignó al mundo: "Los Juegos deben continuar". Este hecho enojó a los israelíes que abandonaron Múnich el mismo día, mientas que los egipcios lo hicieron el 7, temiendo posibles represalias.

En 2005 se estrenó en Estados Unidos la película "Múnich", dirigida por Steven Spielberg (Judío), que hace referencia a la masacre de aquél día. Mientras que en 1999, se había presentado el documental "Un día de septiembre", dirigido por Kevin Macdonald, en el que por medio de entrevistas y material periodístico se reconstruyen las 21 horas que duró el evento. En la cinta se escucha por primera vez la voz del único terrorista superviviente, Jamal Al-Gashey.

1 comentarios:

Anahí Ferreiro Gallardo dijo...

Escribí mucho, pero me pareció que el acontecimiento de la fecha lo merecía ja!!

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